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Philip Yancey escribió:
"La Gracia es gratis para la gente, aunque no la
merezcan y yo soy uno de ellos. Pienso en quién era antes
– resentido, herido, enojado, un simple eslabón endurecido
de una larga cadena de "des-gracia" heredada
de la familia y de la iglesia. Ahora, estoy tratando,
a mi pequeña manera, de llevar… la sintonía de la gracia.
Lo hago porque yo sé, más que cualquier otra cosa que
conozco, que cualquier punzada de sanación, perdón, o
bienestar que he sentido en algún momento viene únicamente
de la gracia de Dios. Anhelo que la iglesia llegue a ser
una cultura nutrida de esa gracia."
¿No sería maravilloso si nuestras hermandades estuvieran
nutridas de la cultura de la gracia de Dios? Yo, también,
quiero seguir su ejemplo y "llevar la sintonía de
la gracia." La primer gran declaración en el libro
de Hechos que resume y concluye Hechos 1:1-2,46 habla
directamente de esta idea de una cultura nutrida con la
gracia de Dios.
Hechos 2:47
47 alabando a Dios, y teniendo favor [compartiendo la
gracia] con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día
a la iglesia los que habían de ser salvos.
Teniendo favor
no solamente significa aferrarse a ella. Lo que significa
es tener el poder o la habilidad de demostrarla, utilizarla
o activarla. Compartiendo sería una buena traducción.
Favor es una palabra usualmente traducida como gracia.
Nuestras vidas deberían caracterizarse por la alabanza
a Dios y por el compartir de Su gracia. Dios nos ha dejado
Su gracia y nos deja que la demostremos, utilicemos y
activemos los unos con los otros. Cuando nos ministramos
gracia los unos a los otros, definitivamente esto tiene
un impacto.
Para tener una cultura de gracia nosotros tenemos
que compartir la gracia los unos con los otros. Nosotros
creemos en la gracia de Dios, pero también estamos muy
frecuentemente desgraciados. Más aún, predicamos la gracia,
pero no la extendemos a la gente que la necesita. Y aunque
reclamamos gracia y perdón para nosotros mismos, también
demandamos que los demás accionen para nosotros.
Yo estoy comprometido con el evangelio de la gracia.
Eso quiere decir que estoy comprometido al estilo de vida
y a las relaciones que estén orientadas hacia la gracia.
Yo quiero ser auténticamente lleno de gracia, y no puedo
a menos que conozca y me aferre y aferre mis relaciones
al estándar de la Palabra de Dios. La gracia no significa
compromiso; la gracia simplemente promueve la oportunidad.
Simplemente tratamos a los demás como Dios nos ha tratado,
con amor, amabilidad, misericordia y dulzura.
Así que, qué es lo que caracterizará a aquellos
que buscan auténticamente la gracia y la ministran a otros.
Primero en la lista está un corazón diligente de compasión.
Siempre estamos listos para ser compasivos. Una de los
principales medios como se muestra la compasión es a través
de la amabilidad. La amabilidad crece de la compasión.
Nosotros regularmente deberíamos estar urgidos de demostrar
la compasión a la gente a través de la amabilidad. Esa
es una de las formas en las que Dios trabaja en nosotros
para el querer y el hacer de Su buena voluntad.
Otra característica de la auténtica gracia es la
humildad. Nosotros nunca olvidamos lo que Dios ha hecho
por nosotros. Hacemos que la Palabra de Cristo more en
nosotros abundantemente y que impregne nuestras vidas
y nuestras relaciones. Necesitamos conocer bien la Palabra
de Dios y necesitamos ayudarnos los unos a los otros a
vivirla. No hay substituto para la Verdad de la Escritura,
y cuando la hablamos, nos ministramos gracia los unos
a los otros.
Efesios 4:29
29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,
sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes.
Seamos auténticamente
llenos de gracia. ¿No sería excelente tener esta reputación?
Si clavamos nuestra atención a las palabras de gracia
que Dios nos da, las podremos reflejar a todos los que
ponen atención a nosotros. Hagamos nuestro mejor esfuerzo
para ponerle una cara a la gracia y que sea la nuestra.
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