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Nuestro Libertador
El salmo 18 contiene versículos donde
David alaba a Dios por su liberación. Hubo momentos en
la vida de David en los que él sintió que sus enemigos
eran demasiado fuertes para él. David también creyó que
el ataque hacia él era más grande de lo que él podría
sostener. Sin embargo, él continuó mirando hacia Dios
como su vengador.
Salmos 18:17
Me libró de mi poderoso enemigo, Y
de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.
David categorizó a su enemigo no sólo
como fuerte en fuerza (lo cual se refiere al primer uso
de fuerte en este versículo), sino que también en el alcance
de actividades de sus enemigos (lo que se refiere al segundo
uso de fuerte en este versículo). También nosotros; en
tiempos de necesidad, en tiempos de pesar, en tiempos
de dolor, de tribulación y presión de cualquier clase,
podríamos así concluir que nuestro enemigo es demasiado
fuerte para nosotros.
Salmos 18:18
[Los enemigos de David] Me asaltaron
[me saltaron encima, me atacaron] en el día de mi quebranto,
mas Jehová fue mi apoyo [mi sostenimiento, fijado como
un fundamento].
Se puede recoger una gran lección de
estos versículos. Vemos que se va desarrollando un patrón
dentro de cada versículo. David menciona tanto al enemigo
con quien él trata, y al libertador que le entrega alivio.
No hay pecado en reconocer que tenemos un enemigo y en
evaluar la fuerza de ese enemigo, en cualquier situación
dada. Lo que puede inducir a pecar es elevar a nuestro
enemigo y sus fuerzas a una posición más elevada que la
del Dios Todopoderoso, nuestro Libertador. Nosotros debemos,
como hijos de Dios, ser fuertes en el Señor y debemos
creer en el poder de Su fuerza. Dios puede y por cierto
nos salvará de cualquier calamidad.
Salmos 18:19
Me sacó a lugar espacioso; Me libró,
porque se agradó de mí.
Que los creyentes pasen por tiempos
de tribulación, no es nada nuevo. La Biblia está llena
de pasajes con situaciones semejantes. Sin embargo, los
problemas no son el foco. Junto con los tiempos de tribulación,
la Palabra de Dios registra la liberación que sigue. Esa
es la liberación que debemos reclamar y confiar que Dios
va a proveer. Cuando sentimos que nos estamos ahogando
espiritualmente, podemos mirar hacia Dios para que nos
lance un chaleco salvavidas.
Salmos 18:16
Envió desde lo alto; me tomó, Me sacó
[tomar con una mano amable] de las muchas aguas [problemas].
Mire de cerca las palabras de ese versículo.
Él me tomó, Él
me sacó. ¡Qué Padre tan personal y tan cariñoso
el que tenemos! El cuidado de Dios y por nuestras vidas
y nuestra preservación es individual. Es especial y único
para cada una de nuestras vidas. Dios lo tomará a usted
y Dios lo sacará a usted de los problemas
de la vida, así como Dios lo hizo con David. Dios no hace
acepción de personas; y lo que hace por uno, lo hará por
todos Sus hijos.
Salmos 18:1
Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.
Dios es el fuerte. Podemos ir al gimnasio
y hacer gimnasia, para mejorar y desarrollar nuestra resistencia
física; pero la resistencia física no es lo que proveerá
la liberación en los asuntos espirituales. Sabemos, por
las Escrituras, que David tenía gran resistencia física;
era un cazador y un soldado poderoso. Aún así, David siempre
confía y se apoya en la fuerza de Dios para que Él lo
libere.
Salmos 18:2
Jehová, roca mía y castillo
mío, y mi libertador; Dios mío,
fortaleza mía, en él confiaré; Mi
escudo, y la fuerza de mi salvación,
mi alto refugio.
Nuevamente, podemos notar la repetición
de la palabra mí. David confía en
Dios como la fuente de todo en su vida. Él ha desarrollado
una relación íntima y personal con Dios, hasta el punto
en que David nunca mira hacia otro lugar por apoyo y esperanza.
En el versículo 3, vemos que David no vacila en invocar
al Señor porque él sabe que Dios le salvará.
Salmos 18:3
Invocaré a Jehová, quien es digno de
ser alabado, Y seré salvo de mis enemigos.
Los enemigos pueden tener muchas diferentes
formas. Cualquier atentado en nuestras vidas, con el objetivo
de sacar de nosotros y diluir una promesa de nuestro Dios,
es un ataque. Salud, finanzas, trabajos, relaciones, y
miedo son sólo algunos de los diversos ataques que encaramos,
como hijos de Dios. La clave aquí es ¿reaccionamos a los
ataques como David lo hizo? ¿Invocamos al Señor? ¿Estamos
seguros de que Dios ciertamente nos salvará de nuestros
enemigos?
Salmos 18:37
Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,
Y no volví hasta acabarlos.
Una vez que David invocaba al Señor
y estaba convencido de que Dios le salvaría; entonces
estaba listo para tomar la ofensiva y perseguir al enemigo.
Cuando nos encontramos siendo perseguidos y atacados,
también podemos revertir los papeles y podemos comenzar
a perseguir a nuestros atacadores; ya no necesitamos más
estar a la defensiva. Podemos perseguir al enemigo sabiendo
que Dios ha provisto un suelo firme para seguir adelante.
Salmos 18:36
Ensanchaste mis pasos debajo de mí,
Y mis pies no han resbalado.
No resbalaremos o tropezaremos cuando
ponemos por obra la dirección y la guía que Dios nos ha
dado.
Salmos 18:38
Los herí de modo que no se levantasen;
Cayeron debajo de mis pies.
Ahora es el tiempo en que nosotros
debemos perseguir y herir, y consumir a nuestros enemigos.
¿Qué está el adversario orquestando en contra suya? Revirtamos
el ataque. No hay mejor arma, en nuestro arsenal de armas
de ataque, que la Palabra de Dios. Sabemos que la Palabra
de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada
de dos filos. Necesitamos tomar la Palabra de Dios y utilizarla;
rebanar la oscuridad de este mundo y echar a correr a
nuestros enemigos.
Hebreos 4:12a
Porque la Palabra de Dios es viva y
eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y
penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas
y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones
del corazón.
Lucas 1:37
Porque nada hay imposible para Dios.
Cuando vamos a Dios sabiendo que Él
por cierto nos salvará de nuestros enemigos, y sabiendo
que con Dios nada será imposible, entonces ¿qué temeremos?
Nada. Él es nuestro Dios, nuestra roca, nuestra fortaleza,
nuestro libertador, nuestra fuerza, nuestro escudo y el
cuerno de nuestra salvación.
Confiemos en Dios y contemos con Él,
tal como lo hizo David, de modo que también nosotros podamos
decir en cuanto a nuestros enemigos: Están debajo de
mis pies.
Por Bob Faller
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