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PENTECOSTÉS
Hoy estamos celebrando otro día de
Pentecostés. Hechos 2 registra los acontecimientos de
ese día maravilloso por el cual Dios había estado esperando
desde antes de la fundación del mundo. En el día de Pentecostés,
en el año 28 DC; Dios, el Donador, dio Su regalo, espíritu
santo. Por primera vez en la historia del mundo, hombres
y mujeres pudieron recibir Su espíritu, pudieron ser renacidos
de simiente incorruptible y pudieron recibir una naturaleza
nueva, divina.
Esta mañana examinaremos el tremendo
pasaje en Hechos 2:1-4. Veremos que:
1. El día de Pentecostés era un día
de regocijo y de celebración para la gente de Dios que
se reunía para este propósito.
2. Lo que ocurrió en el día de Pentecostés,
el 20 de junio del año 28 DC, fue llamado “el bautismo
con espíritu santo.”
3. En ese día, Dios comunicó Su deseo
de que toda las personas se arrepintieran y fueran bautizadas
en el nombre de Jesucristo, para la remisión de los pecados
y para recibir el don del espíritu santo.
Vayamos a Hechos 2 y comencemos.
Hechos 2:1:
Cuando llegó el día de Pentecostés,
estaban todos unánimes juntos.
Pentecostés se celebraba cada año,
pero el 20 de junio del año 28 DC se celebró plenamente.
Todas las otras celebraciones apuntaban hacia éste Pentecostés.
Pentecostés, el segundo de los festivales nacionales judíos
más importantes, era observado en el día 50 después de
la Pascua. Se contaban siete semanas a partir de la Pascua
y, por consiguiente, en el Antiguo Testamento se le conocía
como "la fiesta de las semanas". En el pasaje
en 2 de Crónicas 8:12,13, vemos que en los días de Salomón
los hijos de Israel estaban familiarizados con esta festividad,
y que la gente entendía bien cuales eran los requisitos
de estos tres grandes festivales.
El festival y su ritual estaban minuciosamente
descritos en la Ley.
Éxodo 34:18a, 22,23:
18 La fiesta de los panes sin levadura
guardarás;
22 También celebrarás la fiesta de
las semanas, la de las primicias de la siega del trigo,
y la fiesta de la cosecha a la salida del año.
23 Tres veces en el año se presentará
todo varón tuyo delante de Jehová el Señor, Dios de Israel.
La Pascua celebraba la cosecha
de la cebada. La Fiesta de las Semanas celebraba
la cosecha del trigo, y la Fiesta de la Cosecha Final
celebraba la cosecha final de todos los cultivos al
fin de año. Se requería que cada varón en Israel compareciera
ante El Señor en el santuario durante estos tres festejos
nacionales.
Levítico 23:15,16:
15 Y contaréis desde el día que sigue
al día de reposo, desde el día en que ofrecisteis la gavilla
de la ofrenda mecida [ese era el último día de los siete
días del festival de la Pascua]; siete semanas cumplidas
serán.
16 Hasta el día siguiente del séptimo
día de reposo contaréis cincuenta días; entonces ofreceréis
el nuevo grano a Jehová.
Por consiguiente; Pentecostés, o la
Fiesta de las Semanas, caía en el cincuentavo día desde
este evento. El día se consideraba como un día festivo
o, un sábado judío; todo trabajo se suspendía, y la gente
comparecía ante Jehová para manifestarle su agradecimiento.
Levítico 23:17,21:
17 De vuestras habitaciones traeréis
dos panes para ofrenda mecida, que serán de dos décimas
de efa de flor de harina, cocidos con levadura, como primicias
para Jehová.
21 Y convocaréis en este mismo día
santa convocación; ningún trabajo de siervos haréis; estatuto
perpetuo en dondequiera que habitéis por vuestras generaciones.
La característica principal del día
era la presentación de dos marraquetas de pan con sal
y fermentadas con levadura para el Señor. El tamaño de
cada marraqueta de pan era fijo, por ley. Debía contener
la décima parte de un efa, aproximadamente 1 kilo y medio
de la harina de trigo más fina de la cosecha nueva. Era
un festival de alegría, un día de regocijo. Se hacían
ofrendas voluntarias al Señor. También se conocía este
evento por mostrar generosidad hacia el levita, el extranjero,
los huérfanos y las viudas.
Deuteronomio 16:10,11:
10 Y harás la fiesta solemne de las
semanas a Jehová tu Dios; de la abundancia voluntaria
de tu mano será lo que dieres, según Jehová tu Dios te
hubiere bendecido.
11 Y te alegrarás delante de Jehová
tu Dios, tú, tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, el
levita que habitare en tus ciudades, y el extranjero,
el huérfano y la viuda que estuvieren en medio de ti,
en el lugar que Jehová tu Dios hubiere escogido para poner
allí su nombre.
Cuando Dios derramó Su espíritu en
esta ocasión maravillosa, Él lo hizo en este festival
de celebración, al cual cada varón debía asistir. Por
eso es que Hechos 2:5 dice: “Moraban entonces en Jerusalén
judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el
cielo.” Habían venido para formar parte de este tremendo
festival, sin saber la totalidad de todo lo que tendrían
para celebrar y regocijarse.
Hechos 2:2:
2 Y de repente vino del cielo un estruendo
como de un viento recio que soplaba [la traducción literal
de Young dice: "un sonido como de un respiro violento
y trabajoso"], el cual llenó toda la casa [el templo]
donde estaban sentados;
“Trabajoso” quiere decir “el acto o
el poder para dar a luz.” Otras traducciones dicen “como
un respirar profundo” o “como el primer aliento de un
recién nacido.” No iría tan lejos como para llamarlo “respiro
del trabajo de parto” aun cuando aquí estaba ocurriendo
un nuevo nacimiento. No he oído que hubiera habido un
guía allí dirigiendo la respiración. Los doce, estaban
todos inhalando, al unísono. Estaban compenetrados. Jesús
ya les había enseñado cómo debían recibir.
Juan 20:22:
22 Y habiendo dicho esto, sopló [tiempo
pasado], y les dijo: Recibid el espíritu santo. [Este
era un mandamiento para llevar a cabo en el futuro. Como
era un imperativo "aorista", iba a ocurrir en
cierto momento y habían de asumirlo de inmediato en tanto
estuviera disponible.]
Al leer Hechos 2 vemos que el don de
espíritu santo aún no se había recibido. Jesús mismo les
dijo en Juan 16:7 que él tenía que irse para que viniera
el Consolador. ¿Entonces qué estaba haciendo Jesús aquí?
Él los estaba preparando para el día de Pentecostés, cuando
una nueva creación nacería dentro de ellos y les estaba
enseñando cómo recibirla y manifestarla. Más tarde, en
el día de la ascensión, sólo diez días antes (de Pentecostés),
Jesús les dijo que tenían que esperar para recibir.
Hechos 1:4,5:
4 Y estando juntos, les mandó que no
se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa
del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.
5 Porque Juan ciertamente bautizó con
agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo
dentro de no muchos días.
Era importante que permanecieran en
Jerusalén hasta que estuviera disponible. Dios quería
que ocurriera donde Su gente estuviera celebrando y ofreciendo
las primicias. Ellos habían de ser las primicias de esta
nueva administración, y Dios quería exhibirlos como las
primicias delante de todos los que se reunieran en el
templo. Dios quería llevar a cabo Su promesa antes de
que Su gente se juntara a celebrarla. Sin embargo, la
tremenda celebración de Pentecostés, el 20 de Junio del
año 28 DC no serían las primicias de la cosecha de trigo,
sino más bien las primicias del espíritu santo, Su don
inefable.
Volvamos a Juan 20:22:
Juan 20:22:
22 Y habiendo dicho esto, sopló [emphusaô],
y les dijo: Recibid el Espíritu Santo.
La palabra aquí para “sopló” es la
palabra griega emphusaô. Ésta es la única
ocurrencia de emphusaô en el Nuevo Testamento.
Significa respirar o soplar en. Esta palabra también se
usa sólo una vez por los traductores de la Septuaginta
(LXX) en Génesis 2:7 en donde Dios respiró en Adán y él
se convirtió en un alma viviente. Del mismo modo en que
Dios simbolizó la creación original del hombre al respirar
vida de alma en el hombre, así también la nueva creación
fue simbólicamente predicha y asociada con respirar. Ellos
habían de respirar y recibir e inmediatamente manifestar.
Sin embargo, la enseñanza de Jesús aquí en Juan 20 no
fue la única instrucción acerca de lo que ocurriría. Antes
de que vayamos a Hechos 2:3 leamos estas otras profecías.
Jesús habló del bautismo de espíritu
santo en Hechos 1:5, pero Juan el Bautista ya había profetizado
de ello al comienzo del ministerio de Jesús. Esta verdad
extraordinaria se encuentra registrada en cada uno de
los cuatro evangelios.
Mateo 3:11:
Yo a la verdad os bautizo en agua para
arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado
yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él
os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Marcos 1:8:
Yo a la verdad os he bautizado con
agua; pero él os bautizará con Espíritu Santo.
Lucas 3:16:
Respondió Juan, diciendo a todos: Yo
a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso
que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de
su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Juan 1:32,33:
32 También dio Juan testimonio, diciendo:
Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y
permaneció sobre él.
33 Y yo no le conocía; pero el que
me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien
veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése
es el que bautiza con el Espíritu Santo.
Ambos, Mateo y Lucas, notan que habría
una asociación con fuego. Las frases ligadas 'en espíritu
santo y fuego' son la figura literaria hendíadis. Se dicen
dos cosas pero la intención es una sola. Ellos no recibieron
dos cosas: espíritu santo y fuego. Ellos recibieron un
espíritu santo quemante, uno que los equiparía para el
servicio haciéndolos “útil al Señor” como dice en 2 Timoteo
2:21. Mateo 3:12 explica.
Mateo 3:12:
Su aventador está en su mano, y limpiará
su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la
paja en fuego que nunca se apagará.
Esto fue lo que ocurrió ese día en
el templo. Los apóstoles fueron completamente limpios.
Por cierto que Dios había antes purgado y purificado el
pecado, pero nunca había sido de esta manera. Ahora vendría
por medio de la simiente incorruptible. Simiente que es
inalterable, que nunca perdería nada de su poder purificador.
Estas palabras “limpiará su era” son una sola palabra
griega: diakatharizô. Katharizô
es la palabra raíz, que significa purificar o limpiar.
También es usada en:
Hechos 10:15:
Volvió la voz a él [Pedro en el techo]
la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames
tú común.
Tito 2:14:
Quien [Jesús] se dio a sí mismo por
nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar
para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.
I Juan 1:7,9:
7 Pero si andamos en luz, como él está
en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de
Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.
9 Si confesamos nuestros pecados, él
es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados, y limpiarnos
de toda maldad.
Dia es el prefijo que
connota minuciosidad. Intensifica el verbo y expresa la
purificación en el máximo grado. ¿Qué dijo que reuniría?
“¡TRIGO!” Pentecostés celebraba la cosecha del trigo.
Así como la gente traía las primicias de su ofrenda de
trigo en marraquetas de pan y lo presentaba al Señor,
el Señor les devolvería el pan de vida cuando recibieran
a Cristo en ellos, la esperanza de gloria. Este es el
verdadero pan de vida.
Antes de continuar en Hechos 1, quiero
compartir con ustedes este término “bautizado con el espíritu
santo.” Este término se usa seis veces en las escrituras.
Una vez en cada evangelio, refiriéndose a lo que ocurriría
en el día de Pentecostés. Una vez en Hechos 1:5, en donde
se refiere a lo que sucedió en el día de Pentecostés;
y una vez en Hechos 11.
Veamos aquél.
Hechos 11:16,17:
16 Entonces me acordé de lo dicho por
el Señor, cuando dijo: Juan ciertamente bautizó en agua,
mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo.
17 Si Dios, pues, les concedió también
el mismo don que a nosotros que hemos creído en el Señor
Jesucristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?
Nuevamente, esta frase usada en Hechos
11 se refiere a las palabras de Jesús dichas en Hechos
1:5. Pedro se dio cuenta de que lo que sucedió en Pentecostés
cambió las cosas. Ese día, en su enseñanza, él dijo que
la promesa sería “para todos los que están lejos.” Para
Pedro, lo que selló en su entendimiento el hecho de que
Dios quería incluir a los gentiles, fue que él los oyó
hablar en lenguas y magnificar a Dios. Esta frase “bautizados
con el Espíritu Santo” no se usa en ninguna de las epístolas
o en ningún otro sitio en la Palabra de Dios. “El bautismo
con el espíritu santo” fue lo que sucedió en el día de
Pentecostés y se refiere a lo que sucedió al comienzo
de esta administración. El pueblo de Dios fue introducido
a una nueva esfera. Fueron bautizados para formar parte
del cuerpo de Cristo.
J. Edwin Hartill en su libro Principios
de Hermenéutica Bíblica explica el bautismo en forma
muy simple. Él dice: “el Bautismo es la introducción a
una nueva esfera.” Cuando las cosas eran bautizadas en
el Antiguo Testamento para ser usadas en el Templo, eran
introducidas a una nueva esfera de servicio. Cuando Juan
bautizó en los evangelios, sus discípulos entraban a una
nueva esfera de vida. El bautismo de Juan se caracterizó
como un bautismo de arrepentimiento: Las personas arrepentida
de sus pecados, eran perdonadas y (para significar el
cambio en sus vidas) eran bautizadas.
El bautismo de agua de Juan fue reemplazado
por el bautismo con espíritu santo en el día de Pentecostés.
Esto nos introdujo a una nueva administración, en donde
una vida nueva se hizo disponible, a través del don del
espíritu santo. Después del día de Pentecostés, este cambio
de estilo de vida por medio del nuevo nacimiento, fue
conocido como el bautismo en el nombre de Jesucristo.
No es que haya dos bautismos como algunas
personas enseñan. Algunas personas enseñan que se renace,
luego se tiene que tener una segunda obra de gracia y
ser bautizado con el espíritu santo, lo que normalmente
se indica por medio del hablar en lenguas. Sin embargo,
Efesios 4:5 dice que hay un bautismo. Ese bautismo es
el bautismo en el nombre de Jesucristo, que es el nuevo
nacimiento. La Biblia es muy clara en que “el bautismo
con el espíritu santo” es lo que ocurrió al comienzo de
nuestra administración, en el día de Pentecostés, en el
templo. Después del derramamiento inicial, la introducción
a una nueva esfera de vida se denominó como “el bautismo
en el nombre de Jesucristo.” Después del derramamiento
inicial en el día de Pentecostés, Pedro concluye su enseñanza
con una invitación. Él dijo.
Hechos 2:38:
Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese
cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón
de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Nuevamente, esto establece el orden
apropiado para nuestra administración. Pedro indicó que
a estas personas le ocurrirían dos cosas ese día, si aceptaban
su invitación: Serían “bautizados en nombre de Jesucristo
para la remisión de los pecados.” Eso es el nuevo nacimiento
y serían renacidos con el don de espíritu santo. Lo segundo
que ocurriría sería que manifestarían, lambanô, el don.
Manifestarían el espíritu y hablarían en lenguas así como
lo hicieron el resto de los apóstoles. Pedro no dijo que
serían “bautizados con el espíritu santo.” Eso ya había
ocurrido. Él dijo que serían bautizados en el nombre de
Jesucristo y manifestarían, lambanô, el don, por medio
de hablar en lenguas, así como los apóstoles lo habían
hecho. Así es cómo Dios quiere que ocurra. Él quiere a
Su gente renacida y hablando en lenguas.
Hechos 2:3:
y se les aparecieron lenguas repartidas,
como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.
“Repartidas” significa “hendidas, separadas
o divididas.” Fue una lengua del cielo que se dividió
en doce partes. Fue una lengua que se vio como una llama
separándose y reposando sobre cada uno de ellos. Una parte
sentada en cada uno de los apóstoles. “Asentándose” indica
que el trabajo ya estaba hecho. En el séptimo día Dios
descansó, porque Su trabajo creador había terminado. Aquí
el fuego se asentó o descansó porque una vez más la obra
creadora de Dios había acabado. Ellos habían recibido
la promesa del Padre. Eran renacidos del espíritu de Dios.
El don del Donador había llegado. Observe cómo Dios multiplicó
la ofrenda de vuelta a Su gente, ¿qué le parece?
Note que dice que “se les aparecieron.”
Esta visión de lenguas repartidas como de fuego que se
asentaron sobre los doce, no fue vista por el resto de
la gente allí. Esta revelación a los doce fue la clave
para ellos de que debían hablar en lenguas. Bueno, ahora
eran renacidos del espíritu de Dios. ¿Qué fue lo que Jesús
les mandó que hicieran inmediatamente? Correcto, que manifestaran
el espíritu. Y eso fue exactamente lo que hicieron.
Hechos 2:4:
Y fueron todos llenos [plêthô]
del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas,
según el Espíritu les daba que hablasen.
La palabra "llenos" aquí
es la palabra griega plêthô. Cuando se refiere
al don de espíritu santo, plêthô indica
lleno y desbordante. Hay otra palabra plêroô
que indica lleno a capacidad. Plêroô, lleno
a capacidad, indica el nuevo nacimiento, que es la medida
que Dios le da a cada uno; y plêroô, lleno
y desbordante, indica la operación de las manifestaciones.
Uno nunca obtiene más espíritu, sino que se desborda hacia
la manifestación. Cuando ejercitamos nuestra habilidad
dada por Dios, Dios energiza las manifestaciones. Él energiza
las manifestaciones en la medida en que las operamos.
La manifestación indicada aquí por
plêthô está específicamente mencionada.
Ellos hablaron en lenguas. Dice que hablaron en otras
lenguas según el espíritu les daba que hablasen.
En esta magnífica primera ocurrencia
de la operación de esta manifestación de hablar en lenguas,
se detalla la manera en que funcionó y en que funcionará
en cada instancia posterior. Nosotros hablamos–Dios da
lo que se ha de hablar. Movemos nuestras bocas, nuestras
gargantas, nuestras cuerdas vocales; y Dios nos da lo
que se ha de hablar, las palabras a decir. Si Dios no
diera lo que hemos de hablar, no tendríamos palabras para
hablar. Cada vez que operamos las manifestaciones y hablamos
en lenguas, Dios, activamente suple las palabras a decir.
Bien, esos cuatro versículos registran
el derramamiento inicial del espíritu santo en el día
de Pentecostés.
La tremenda celebración en Pentecostés,
el 20 de Junio del año 28 DC, no se debió a la ofrenda
de las primicias de la cosecha de trigo; sino más bien
a las primicias de espíritu santo, Su don inefable. Ellos
dieron sus marraquetas de pan y Dios les dio el pan de
vida.
Esta demostración inicial al principio
de nuestra administración es a lo que se le llama el bautismo
del espíritu santo. Después de esta ocasión, nunca más
se le refiere en estos términos. Una vez que renacemos,
lo cual es ser bautizado en nombre de Jesucristo, ya tenemos
todo lo que se pudiera tener. No hay más. Sin embargo,
cuando operamos las manifestaciones, este desbordamiento
es evidencia en el ámbito de los sentidos de la presencia
interna y del poder del espíritu santo.
Dios enunció Su deseo para toda la
gente en ese día, de que se arrepintieran y fueran bautizados
en nombre de Jesucristo para la remisión de los pecados;
y que recibieran en manifestación el don del Espíritu
Santo. Ése es el orden de Dios para nuestro día y tiempo.
El don y su manifestación inmediata. Regresemos a este
poder de Pentecostés, y hablemos en lenguas según el Espíritu
nos dé que hablemos. |